Los caracoles se caracterizan por salir después de haber llovido. Yo no soy un caracol.
Hoy Domingo, cumplo con la propuesta de la noche anterior y me despierto tras recuperar el sueño de días anteriores, pero sin abuso. Acicalamiento matutino y la cámara dando saltos de alegría. "¡Sí, por fin nos vamos de paseo!".
En el hall del hotel la sonrisa amable de la recepcionista casi se convierte en carcajada tras mi pregunta.
-¿Con este día? Pues no sé qué sitios aconsejarte... Candás es un pueblo costero que a los turistas suele gustar. Luanco está cerca también, se puede visitar. En otra dirección Ribadesella y Tazones.
-¿Y los Picos de Europa?
-¿Traes moto de nieve?
Debe ser la cercanía a Galicia por lo que contestan con otra pregunta... Pues bien. Un caracol se hubiera dado la vuelta y hubiera subido de nuevo a la habitación, porque...
...llueve. Los caracoles no salen cuando llueve. Salen DESPUÉS.
Pero cualquiera intenta convencer a la Nikon con el grado de excitación que lleva encima. La oficina de Turismo está de camino al párking así que trato de indagar qué opciones hay si no cojo la furgo y la señora que allí trabaja le da al botón de "reproducir lista de museos y actividades los Domingos en Gijón".
¿Museo de la gaita en el mundo? Vámonos a Candás.
No voy a recordar este pueblo por lo bonito, ni lo pintoresco. Lo haré por un monumento con forma de Troll y por el culetazo que me he pegado haciéndole una foto. La ventaja de tomar instantáneas en días de lluvia es que no hay nadie más en la calle para ver como te caes, y mucho menos para reirse de la parte trasera de tu pantalón marrón que ahora, debido al barro, es aún más marrón produciendo la sensación de estar viendo a alguien que se ha cagado encima.
Hubiera parecido que la única opción era ir de vuelta al hotel. Pero no... Hay que aprovechar este Domingo como sea. Así que me voy a Luanco.
No se parece al anterior, aunque es del mismo estilo. Pesquero, colorido y rodeado de verde. Ambos muy bonitos, pero se le van acabando las oporuninades a Asturias para dejarme con la boca abierta. Y no es que no me guste, pero un manto inacabable de hierba sin accidentes, al final, se hace aburrido.
Algo me dice que mañana, bajando a Oviedo de nuevo, cambiaré de opinión cuando vea Pajares de día y nevado.
Ayer, uno de los clientes me dijo que fuera a ver Cudillero. Y que allí en cualquiera de los barines seguramente comería bien. Y menos mal que le he hecho caso.
Llegas al pueblo donde te recibe la iglesia a la izquierda y una mansión a la derecha. Te adentras por la calle principal que no dejará de bajar hasta que se meta dentro del mismo cantábrico, y ocurre textualmente. No te das cuenta que es de doble sentido hasta que no sube otro coche de frente, porque la distancia entre casas indica lo contrario. Y una vez llegas abajo, te das la vuelta para deshacer el camino con la vista y te soprende una plaza repleta de edificios amontonados uno encima de otro como peleándose por ver al recién llegado.
Me ha sorprendido ver tal cantidad de restaurantes para lo que parecía un pueblo tan pequeño. Y para pequeño, el sitio donde he comido. Cinco mesas en total, dos de ellas en la calle. Caben tres como ése en la granja Tena.
Pero he comido bien, sí señor. Gula con gambas de primero, que me han hecho desestimar las fabas con almejas; y fritura compuesta de calamares, chipirones y pescadillas. Acompañado con un vino blanco, peleón. Tan peleón que a la cigala del otro día no, pero a Godzilla también le hubiera dado una soberana paliza. Tendría que haber pedido sidra, que ahora ya sé cómo se bebe.
(Llegan 4 jóvenes y se sientan para comer. Al parecer una pareja de León, otro de huelva y su respectiva de Alemania. Refrescos para beber y el onubense que dice: "Sidra".
Pongo atención al camarero que escancia un vaso, se lo ofrece al comensal y éste clama:
-Me lo tengo que beber ya, ¿verdad?
Joder con el pueblerino... Seguro que ha pedido sidra porque le pasó ayer lo mismo que a mi. LISTO... que eres un listo!)
Y de postre requesón. Que estaba muy bueno. Menos mal que Torrente es sólo una película.
De camino al faro he ido haciendo fotos. Arriba en el faro he hecho más fotos. Y mientras bajaba haciendo fotos me he dado cuenta que empezaba a haber gente por la calle. Coño, ya no llueve.
Pues mira, me voy de vuelta a Gijón y doy un paseo.
¡Los cojones! En Gijón estoy y no me mojo más porque no me da la gana. Y es por eso que me he puesto a escribir sin haber cenado aún.
Aunque habiendo acabado y con mi estómago rascando en sus propias paredes para digerir las minucias restantes de la comida, creo que me voy a aventurar en busca de pinchos, huyendo de trolls y con pantalones limpios.
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¡Qué bien me lo hubiera pasado con el 35mm disparando a 1.8! Y vaya peleas que he tenido con el cielo, quemándome todas las fotos, como me pasó en Bilbao. Aún así, hay alguna decente que subiré cuando mañana compre un cable, porque me lo he dejado :(
ResponderEliminarNo es por nada pero creo que te has dejado el dia 3... mucha sidra?
ResponderEliminarbuena noches mi niño
ResponderEliminarEl día 3, a pesar de ser sábado, me lo pasé currando. Sólo llegué a ver la 2a parte del barça :(
ResponderEliminarBuenas noches, mamasita, porque imagino que serás tú xD
Hola Wapo!!!!!
ResponderEliminarVeo que además del safari fotográfico, es una ruta de placeres culinarios, vos sí que sabes disfrutar!!!!!......
Deberías dedicarte a escribir ya que lo haces muy bien.
Saca muchas fotos!!!!!!
Un beso