jueves, 11 de febrero de 2010

Día 15. Misión cumplida.

Lo que he venido a hacer, hecho está. (Hay quienes se preguntarán cómo me he reprimido tanto y no lo he dicho antes, lo hago ahora). Está hecho de forma fenomenal, propio de un FENÓMENO como yo. El calificativo, que conste, es la opinión de terceras personas, no es que esté pecando de poco modesto, no esta vez.

Y así, con una maleta cargada de orgullo, otra con mucha ropa sucia y un mapa repleto de cruces, emprendo mañana la vuelta.

Una vuelta con muchas horas al volante, horas que aprovecharé para recordar dónde he estado y qué he visto. Horas que emplearé para valorar lo que tan cerca tenemos y no apreciamos (estoy hablando de sitios físicos, mamá, no te emociones, ja, ja, ja). Horas a las que iré suplicando una a una, para que se sucedan con presteza.

¿Pero qué ha pasado estos últimos días?

En estos últimos días las ganas por acabar han vencido al anhelo por descubrir. Llegaba al hotel y me quitaba los zapatos rápidamente, así tenía una excusa para decir: "Buff, saldría a dar una vuelta, pero me tengo que poner los zapatos y todo..."

Tampoco ayuda que los sitios hayan sido Vigo, Ourense y Ponferrada. Aunque León, que es donde estoy ahora, tiene una catedral que bien merece salir a verla. Por eso he hecho el intento.

El estado de ánimo es fundamental cuando vas a juzgar. Engullir estrellas michelin sin predisposición puede ser catástrofico. Mejor espérate a sentirte gourmet (y a tener pasta, claro).

Por eso esta tarde cuando la catedral de León me ha parecido una iglesia grande en una plaza cuadrada, sabía que el frío y la mala ostia porque la cámara no encendía no le estaban haciendo justicia. Me he venido al hotel.

Si mañana soy capaz de llegar al centro de la ciudad cuando el sol aún provoque sombras en ella, me pasaré con abrigo suficiente y batería en la cámara. Seguro que estaré viendo una de las catedrales más grandes y más bonitas de la península. Si no, tendré que seguir agrandando la lista de segundas visitas pendientes, encabezada por la playa de Las Catedrales.

¿Y qué va a pasar con este blog?

Este blog se acaba aquí.

Quizá tenga una entrada más si mañana llego a casa y necesito contar que me he quedado sin gasolina por despistado, o que he decidido alargar la agonía de nuestro viaje parando a dormir en algún punto entre León y Barcelona, como San Sebastián, por ejemplo... Ja, ja, ja!!!

Quizá después de dos semanas, después de cuatro mil y pico de kilómetros, y después de la tortura del gris monótono que se desliza bajo las ruedas llegue a casa y decida compartir una última reflexión.

Pero quizá no.

Y por si acaso, para que no se quede en el tintero, o en el portapeles mejor dicho (un poco friki, lo reconozco) dejo dicho dos cosas:

-Agradezco que me hayáis obligado a compartir estos días con vosotros. Antes de empezar esta entrada, me he leído las anteriores, y realmente no cuento más que chorradas, pero saber que había quien las leía era como no estar solo (... con lo que me gusta, que paradójico).

-Y estar acompañado no era el propósito, era simplemente contar. Pero contando y buscando la mejor forma de hacerlo, he descubierto otro hobbie más, que durará lo que dure dura.

¿Y qué va a pasar con el resto?

-El destornillador que perdí está reemplazado por otro que me encontré.

-La linterna de leds que compré se encontrará algún día con el destornillador que perdí y vivirán felizmente juntos.

-Encontré otro Maxi Kinder Sorpresa con Súper regalo y me salió un Astérix, por lo que tengo la parejita.

-Las niñas del resplandor (que resulta que eran dos) y Jesusito han quedado el domingo para ver Hostel (parecía tonto, y resulta que se las liga a pares!).

-Godzilla muere en un trágico accidente al entrar en una rotonda sin mirar y ser arrollado por un jabalí.

-Mi mamá lava montones y montones de ropa sucia mientras yo cojo el mapa y me voy lejos que es donde me va a mandar cuando lea esto, pero... ¿y lo orgullosa que está de mi? Por si acaso también le traigo una maleta llena de orgullo! JA JA JA!!!

lunes, 8 de febrero de 2010

Día 12. Combarro y Tui.

Esta mañana ha sonado el despertador y he abierto los ojos. "¿Y eso es noticia?" pensareis alguno de vosotros. Pues sí, lo es. Dado el sitio donde me ha tocado pasar la noche, creía que la primera cara al despertar sería la de San Pedro. Pero no...

Antes de quitarme el edredón de encima me he palpado para no llevarme un susto, pero todo correcto. No me faltaba ningún órgano. Así que puesta en marcha.

Uno de los pueblos donde he estado hoy es Combarro, recomendación de mis papis. Y es que si ayer decía que todavía no había visto ningún pueblo bonito, hoy ha tenido que saltar Galicia a la defensiva y escupirme dos.

Aparco en el puerto, entro en el casco antiguo y se para el tiempo. Calles empedradas, casitas pequeñas, cruceiros (crucifijos) por todos lados. Sólo los carteles de restaurante rompen la fantasía de estar cientos de años atrás. Bueno, y que llevo la cámara a cuestas y no paro de hacer fotos.

De reojo me doy cuenta que una abuela me vigila. Cuando me giro para mirarla, disimula. Después me mira ella y giro la cara como que no me he dado cuenta. ¿Estamos flirteando? Ja, ja, ja.

Pero he tenido que pasar por delante del umbral de su casa, y ella expectante a que lo hiciera alguien ha tenido su recompensa:

-Buenos días, joven. ¿No quiere probar un poquito de crema?

La curiosidad mató al gato, pero no un chupito de crema de orujo.

Ya me habían avisado que en este pueblo, no sé si en otros también, es típico que te inviten a entrar y degustes sus productos caseros. Aguardiente, empanada, albariño, filloas (pero de calabaza, eh!)... Todo esto mientras me intentaba vender su cosecha y yo le acosaba a preguntas. Órreos, las casitas al aire almacenes de cachelos. Almejas, navajas y mejillones que se deja atrás la ría en sus ratos de pleamar y salen a hurtadillas para robárselas. Veranos infestados de turistas, hacinando las calles y llenando los bolsillos autóctonos.


Tres flirteos más, y un par de acosos después, decido marchar para volver a la tarde. No a por la abuela, si no para verificar sus palabras, que aunque ciertas, algo exageradas. A las seis de la tarde la ría se encuentra en su punto más bajo, y no se puede caminar de una orilla a otra, como aseguraba, pero sí es increíble que se vacíe como la bañera de mi casa. Bueno, de mi antigua casa, en esta no tenemos bañera.

Llega la noche a Galicia y yo a Tui.


Y la catedral, sublime...
etérea, inmaterial.
Tan grande como es,
parece que no la puedas estar viendo.

No pertenece a Tui, ni a Galicia. Corresponde a otro siglo y el tiempo se la ha dejado olvidada. Espero que no vuelva a buscarla y podáis venir a visitarla.



Esta vez el hotel lo ha escogido otra persona. Se nota. Un hotel digno de mi.

-Habitación número 7. Al fondo a la derecha.

-¿No están ahí los lavabos?

Día 11. Rías...

Después de lo bien que ha ido el día, al final se ha tenido que torcer… Y es que dejo atrás el hotel de Resplandor y me meto en el de Hostel!
Además, lo peor que puede pasar no es compartir la habitación con fantasmas, o estar en un sitio donde descuartizan gente. Lo peor es estar sin internet!!!


El despertador esta mañana no ha sonado, porque los domingos no suena. Se lo tengo prohibido. A las 12 he dejado la habitación después de programarme un poco el día, y sorprendentemente asomaba el Sol, tímido. Se iba dejando ver entre nubes en son de paz.
He ido directo a Noia en busca de la costa, y desde allí he ido bordeándola y parando para hacer fotos. Porto do Son, Ribeira, Boiro, Rianxo… así hasta llegar a la Isla de Arousa, donde se ha puesto a llover. Habiéndome comido un platazo de navajas, gulas con gambas y almejas a la marinera, me ha dado igual. Ya me habían avisado, de todas formas. He tenido que hacer las últimas fotos sin bajarme de la furgo, aunque para las del faro he tenido que mojarme un poco.
Del paisaje resalto que los pueblos no son atractivos visualmente, al menos los que he visto, pero a cambio destaca la pelea que mantienen tierra y mar, y que dejan como resultado tantas calas y rías.
Esto de las rías es un punto. El Atlántico mima hasta tal punto a los gallegos que trae sustento al marisco para que ellos después puedan disfrutarlo. Bueno, los gallegos y los que venimos a Galicia, que hay marisco para todos, ¡oiga! Eso sí, al señor océano no le debe molar mucho que le toquen los percebes.
Y así llego a Poio donde está el hotel que no he encontrado hasta que no me he metido en un párking. La entrada al hotel está a mitad de camino, entre la calle y las plazas de aparcamiento. Me recibe una señora que ya me esperaba y me da la llave de la habitación 406.
Cuarta planta. Entro a la habitación y hay dos puertas. Una, la del lavabo. La otra, la de la foto, vienes tú y la abres si tienes huevos. Pero es que encima hace frío. Enciendo el portátil y encuentro una red wifi cuya señal es demasiado débil. “Claro, estoy en la cuarta planta…” Pero joder, qué frío.
La cortina se mueve, y la deducción fácil es: hace frío porque se han dejado la ventana abierta. Pues no. El cristal está tan rajado que se cuela la tramontana gallega por ahí.
Me cojo el portátil, y no me voy a recepción, NOOO! Me voy a la primera planta y certifico mis sospechas. La señal aquí es mucho mejor. Ahora sí, voy en busca de la recepcionista:
-El cristal de la ventana está roto y hace frío ¿No tendrá otra habitación?
-¿No ha podido bajar la persiana? Bueno, le doy la 407
Mierda, sigo en la cuarta planta… Me entrega la llave y justo cuando me estoy dando la vuelta me la quita de las manos y dice:
-No, mejor quédate en la 110, que en la 407 a veces hay problemas.
(A ver, recapitulemos. Me entrega una habitación con la ventana rota porque otra tiene algo peor. Entonces ¿qué cojones tiene la 110?)
-¿Hay wifi?
-Sí pero desde esta mañana no funciona.
No me lo puedo creer. En la nueva habitación hace igual de frío, enciendo la estufa de aire, porque al parecer la calefacción no les funciona. Me voy a duchar ahora, y así mañana salgo pitando de aquí.
¡Oh, sorpresa! El dispensador de jabón está vacío. Como acto de rebeldía y venganza por todo lo que me está pasando salgo a buscar el que tengo en la maleta en pelotas y mojado. Dejando todo el suelo mojado, como si al día siguiente se fueran a dar cuenta: "¡Mira qué enfadado estaba que salió mojado de la ducha!. Ya me vale. Eso sí, me he sentido caracol por un momento.

Y cuando me acabo de duchar una de las puertas de la ducha no se abre y casi no puedo salir. Me voy a tener que plantear seriamente lo de hacer dieta, jajaja!
Pues nada. Como no me puedo planificar la ruta de mañana, de momento madrugaremos y ya buscaremos alternativas.
¡Bona Nit!

domingo, 7 de febrero de 2010

Día 10. Santiago.

Hoy Sábado, he empezado el día a las cuatro de la tarde, en dirección a la oficina de turismo. Una vez allí, me han atendido con tanta devoción que hasta me han convencido para que fuera a ver una iglesia a las afueras de Santiago, con amenaza de lluvia y todo. La mayor peculiaridad es que está construida en suelo pantanoso y con las paredes oblicuas respecto al suelo, no paralelas, y divergen entre ellas. Hasta han osado compararla con la torre de Pisa (claro, así cualquiera no va a verla).



La verdad es que con la de iglesias que hay en Santiago, andar veinte minutos de ida y otros tantos de vuelta, para ver una que está torcida, me parece desproporcionado. Pero oye, más tonto yo, que he hecho caso.



De vuelta al casco antiguo, subo antes al parque de Bonaval, desde donde se ven los tejados de la ciudad. Este recinto sin techo lo venden al turista como un parque, pero amigos... ¡Ay, amigos! No os dejeis engañar, es un cementerio. Y a las pruebas me remito.

Con el plano en la mano, sigo uno de los itinerarios recomendados, y fascina la cantidad de fachadas, monumentos y edificios dignos de admirar.

Santiago es una ciudad difícil de fotografiar. O al menos, plasmar su esencia. Es bonita por el conjunto. Puedes sacar buenas fotos en alguna calle, o de algún edficio, pero el encanto lo tiene al pasear.

Cervantes, Feijoo y numerosos santos, permanecen en las plazas a la intemperie para guiar al peregrino y alentarle en sus últimos pasos. Y es que, para tan duro esfuerzo, no hay mejor recompensa que la ciudad de Santiago.

Año Santo es aquél en que el día de Santiago (25 de Julio) se celebra en Domingo. Y esto pasa cada 6, 5, 6 y 11 años. Ha coincidido que 2010 es Año Santo, y una de las celebraciones "extras" es que se abre la única de las puertas que el resto del año permanece cerradas.

La catedral tiene una plaza en cada uno de sus cuatro costados. La más conocida es la del Obradoiro, pero también están la de Praterias, Inmaculada y de la Quintana. Cada una tiene un acceso al interior de la Catedral, y es ésta última la que sólo se abre en Xacobeo. Claro, todo el mundo entra por ahí. Pero yo quería entrar por la grande, la del Obradoiro.

Una pareja iba delante mio y subiendo las escaleras le dice alguien: "Aprovechad que este año está abierta y entrad por la Puerta Santa". Y estos que reculan y siguen las instrucciones del anónimo. Venga, va... hagamos como todo el mundo, media vuelta.

La verdad es que el interior no le hace justicia. A mi me gusta mucho más por fuera que por dentro. Es más, no me esperaba una planta tan pequeña. Si no es porque estaba ahí colgado el botafumeiro, hubiera pensado que me había equivocado de iglesia. Pero entrar me ha supuesto varias cosas:

-Ver como varias personas se confesaban. Y digo ver porque no he hecho como la gente que había alrededor, que estaban de pie escuchando(!) lo que decía el confidente. Aunque por la cara que tenía el cura, obispo, cardenal o cualquiera que fuere su cargo, nada muy espantoso debía estar contando.

-Me ha supuesto también conocer a Santiago. Sí, sí, el apóstol. Resulta que por detrás del altar puedes pasar por donde está su figura. Y al pasar, un señor muy amable me ha indicado que había que abrazarle. ¿Perdón? Está toda la catedral con cintas de "no pasar" y esculturas protegidas, ¿y a su santo le abraza to' quisqui? Es como si en el Louvre te dan un Edding y te dicen: "firma aquí para dejar constancia de tu paso" y te ofrecen la Monalisa.

-Y además me he dado cuenta que las iglesias están a oscuras para que no saquemos fotos ¡Manda huevos! Yo subiendo ISO, haciendo malabares con la cámara, y de repente es la hora de la misa y empiezan a encender luces ¿Pues igual que hay horas de misas, porque no hay horas de fotografías... eh, eh?

Total, que ya empezaba la misa, y en el hotel no se me ha presentado ninguna niña, salgamos de aquí antes de que se me aparezca el niño. Que hasta le he dado un abrazo a una figura, a quien se lo cuente...

Justo en la puerta una pareja de policías, y yo por asegurarme les pregunto por la puerta que sólo abren en Xacobeo. "Es ésta por la que acabas de salir", contestan.

(Coño, pues no ha sido la misma por la que he entrado. Habiendo empezado la liturgia, no iba a interrumpirles).

Así que he completado el recorrido, parándome en algunos bares y llenándome la tripa. Y aquí estoy ahora, con un sabor agridulce, ya que mañana dejo Santiago y me voy a Pontevedra.

Me voy habiendo conocido una ciudad increíble, pero sabiendo se quedan muchos rincones por descubrir.

Santi, hasta la próxima.

jueves, 4 de febrero de 2010

Día 8. De A Coruña a Santiago.

Los más cinéfilos del lugar sabrán el título de una película de mucho miedo que se desarrolla en un hotel y tiene como protagonista una niña.

Me han hospedado en ese hotel. Está aquí en Santiago. Te lo encuentras cuando sales de la ciudad por una carretera nacional que seguramente no lleve a ningún sitio, alejado de toda edificación... donde no hay nada más que el hotel. Para que haya algo y deje de haber nada, supongo.

Mantienen la moqueta roja a lo largo del pasillo, porque el rojo disimula la sangre. Cuando he llegado a la puerta de mi habitación, la 145, la he abierto, he entrado encendiendo todas las luces y después de asegurarme que no había nada ni nadie, he metido la maleta y he cerrado la puerta. Sin cerrojo. Es mejor así, porque si no hubiera mirado bien y ahora saliera un asesino del armario, esa traba perjudicaría mi huída.

Es lo que tiene viajar mucho. No tener en cuenta estos pequeños detalles a otra persona le costaría la vida.

Pero vamos a empezar por el principio.


Suena la melodía de The Killers y son las 7 am. Llegando como he podido hasta la ventana, he descubierto que era aún de noche. Y es que cuanto más al oeste, más tarde amanece, evidentemente. Así que la falta de luz ha frustrado mi intención de ir a Santa Cruz y hacer fotos tempraneras y me he vuelto bien contento a la cama.


A una hora mucho más razonable seguía estando el castillo donde anoche lo dejé. Lo que ahora es un centro para la preservación de la fauna y la flora, antaño servía para ver a los piratas pasar. Y pasaban de largo por cojones porque la playa es tan poco profunda que dudo entraran muchos galeones en esa bahía.

Aunque ésas son suposiciones mías, fundamentadas en dotes deductivas desarrolladas tras ver mucho House M.D.


He entrado a A Coruña por equivocación ya que mi destino estaba justo a las afueras. Así que el paseo marítimo y Riazor lo dejamos para la próxima vez que venga.

Paro a comer en Carballo, bocadillo de bistec. En unos sitios de calamares, en otros de bistec... pero nadie le pone tomate al pan. No aprenderán nunca!

Y enfadado conmigo mismo llego a Santiago. Se me ha olvidado comprar un Maxi Huevo Kinder Sorpresa que lleva un Maxi Regalo Sorpresa. Ayer me compré uno y me tocó un Obélix. Esperemos que el próximo sea un Astérix.


¡Qué poco he visto de Santiago y cuánto me ha gustado! Dicen que cuando ves un arco iris tienes que llegar a donde nace para encontrar un tesoro. En Santiago he visto en el cielo dos torres altas, y siguiéndoles el rastro me he dado al final de bruces con una realidad donde la codicia materialista se ha teñido de color absurdo, al ver que la recompensa no es un cofre con monedas de oro, si no que es arte y tiene forma de plaza .Se llama Obradoiro. Y por si fuera poco, este regalo va envuelto en un papel de lujo a modo de casco antiguo.

Voy a esperar a volver de nuevo, documentado en la medida de lo posible, y así poder describir con detalle lo que me voy encontrando. Pero estoy convencido que el recorrido no va a tener desperdicio.



De momento, me voy a arropar y voy a pensar en cosas bonitas, porque si me viene a la mente la niña esa, mañana me tenéis en Barcelona.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Día 7. Santa Cruz.

No sé si los caracoles tienen derecho a horóscopo, pero yo antes que caracol soy géminis. Y hoy he tenido un día muy géminis.

Además, voy a intentar madrugar mucho mañana porque quiero ver de día lo que he visitado hace un rato.

Así que hoy voy a subir un resumen de algunas de las fotos que he ido sacando, y os voy a contar poco. El cansancio se va acumulando, y es que son ya siete los días que llevo fuera. Las fotos están tal cual, no puedo reencuadrar, ni tocar niveles... ¿Cómo hay gente todavía que concibe un portátil sin Photoshop? Hereje!!!

A continuación la costa asturiana desde el pueblo de Candás, el Troll momentos antes... y casitas de colores.





El siguiente pueblo es Luanco











Cudillero, de lo más bonito que he visto en Asturias.










Un poquito de Gijón!












Fantástica la playa de Las Catedrales








Y el castillo de Santa Cruz, de noche:



martes, 2 de febrero de 2010

Días 5 y 6. Con la casa a cuestas.

Poco voy a contar de estos dos días, por dos razones:
-El trabajo ha ocupado la mayor parte del tiempo, y
-como ayer dejó de funcionar el portátil, hoy me encuentro en un PC de espaldas al hall del hotel y me siento bastante incómodo.

Pero todo sea por compartir (y complacer?).



Despierta mi quinto día en Gijón, y al salir del hotel veo una cara conocida. Con poco abrigo, que éste nunca pasa frío, ahí tengo a mi amigo Sol empezando su habitual ascensión a los cielos. "Se te echaba de menos, cabroncete, hacía días que no nos veíamos".


Aunque para cabroncete, Murphy. Éste no es mi amigo. Hoy me toca ir a Langreo y Oviedo. Por eso hay sol en Gijón, no? Así que estrujamos marchas (en sentido metafórico!) para estar de vuelta cuanto antes.

Y cuanto antes es lo suficientemente pronto como para recorrer esta mágica ciudad. Varias veces. Andando.

He estado en Florencia y tiene algo. Magia... pero no sé cómo explicarlo.

He estado en San Sebastián y tiene algo. Magia... pero tampoco sé cómo explicarlo.

Gijón es una ciudad mágica y voy a explicar por qué ¿Quién coño me explica cómo vas andando por una calle y sin girar vuelves a estar en el principio? Y mientras sigues andando, giras una calle cualquiera a la derecha y a los 5 minutos estás cruzando la de antes.

Pues me pasó buscando una tienda de informática para comprar el cable de la cámara. Así que si no hay fotos todavía, a mi no me echéis la culpa (total, tampoco funcionaría el portátil al llegar al hotel...)

Con todo cerrado, y harto de dar vueltas en línea recta, es hora de cenar. Me han sugerido que pregunte por: "La cuesta del Cholo", jajaja!!!

Pues existe, y la gente la conoce. Porque tres veces pregunté, y las tres me indicaron sin titubeos. Pero al llegar a la cuesta, que me tocó subirla, el sitio estaba cerrado. Así que me metí en una sidrería, una de las pocas que hay abiertas cerca de la Plaza Mayor un lunes por la noche.

"Una tabla de quesos, una mini de pulpos a la gallega y la tercera la eliges tú".

De la selección de quesos destaco uno naranja, picante. Un picante como de pimienta, no de chili. Muy bueno, pero el camarero me dijo el nombre y no le entendí. Sabéis cuando pronunciais algo a desgana por miedo a que lo que te salga por la boca no se lo vaya a creer ni Dios? Ya indagaremos acerca de ese queso...

De la segunda tapa no llegué a entender el por qué del nombre en ningún momento. Me trajeron un único tentáculo, del tamaño del bíceps de mi primo el bombero. Yo creo que tienen a los pulpos en la cocina haciendo pesas y les van metiendo anabolizantes. Por eso que no le encontré el mini, ni el plural.

Y el tercero lo presentó como "calamar con frekmcwjep caramelizado". O me lo dijo en francés o debí haberle dejado una tarjeta de Clip, Centro de Logopedia en Sabadell. Al día siguiente empezaba un concurso de tapas entre los bares de la ciudad. Ésa ya os digo yo que no gana.



Y pasamos al sexto día. Oséase, hoy. Día en el que me he vuelto a sentir como un caracol.

Cuando la habitación ya empezaba a parecer mi casa (por el orden NO, evidentemente), la maleta desde un rincón me ha suplicado que lo hiciera con cariño.

Y burocracia de rigor en recepción, todo a cuestas de nuevo. Puja la muntanya.

Andáte que te anda, hoy se acabará el día en Oleiros. De lo más significativo, mencionar que cambio Asturias por Galicia, el Cantábrico por el Atlántico, y la lluvia por... No creo, la lluvia creo que se mantiene como titular en la alineación.

He pasado por Avilés, la cual voy a obviar en mi blog, igual que me ha ignorado ella decidiendo no mostrarme ninguno de sus encantos. Porque alguno tendrá, digo yo.

Y la emoción fuerte del día ha llegado pocos kilómetros después de Ribadeo.

As Catedrais. O Las Catedrales, en castellano.

Una playa, que a capricho del Sol y la Luna, se llena y se vacía de agua. Realmente no es un capricho, es una rutina. Tarda 6 horas en mostrar su máxima amplitud, y es entonces cuando se puede pasear bajo las arcadas naturales (arcada de arco, no de vómito, que estáis estropeando la lírica, joder). Y después de 6 horas más, donde antes había una playa, ahora hay una costa acantilada con 4 metros de profundidad.

A mi me ha tocado ver la playa sumergida. Pero no me importa, porque dejar algo pendiente es una motivación para seguir haciendo cosas, y una de ellas será volver en bajamar. Y así de paso aprovecho y como en Casa Pepe, lugar donde descubrí qué son los grelos, y donde la salsa de Oporto es tan atrevidamente dulce que por momentos parecía que me estaba comiendo el postre, si no fuera por el solomillo y el foie, que sin hacer mucho escándalo han pasado la nota de corte.


Y así llegamos a un fantástico hotel, con una cama inmensa y una decoración moderna. Por tener, tiene hasta cocina.


Habitación 245. Subo en el ascensor a la segunda planta. Sólo hay dos ¿Otra vez me toca la última?


PD: Menos mal que iba a contar poco!