Poco voy a contar de estos dos días, por dos razones:
-El trabajo ha ocupado la mayor parte del tiempo, y
-como ayer dejó de funcionar el portátil, hoy me encuentro en un PC de espaldas al hall del hotel y me siento bastante incómodo.
Pero todo sea por compartir (y complacer?).
Despierta mi quinto día en Gijón, y al salir del hotel veo una cara conocida. Con poco abrigo, que éste nunca pasa frío, ahí tengo a mi amigo Sol empezando su habitual ascensión a los cielos. "Se te echaba de menos, cabroncete, hacía días que no nos veíamos".
Aunque para cabroncete, Murphy. Éste no es mi amigo. Hoy me toca ir a Langreo y Oviedo. Por eso hay sol en Gijón, no? Así que estrujamos marchas (en sentido metafórico!) para estar de vuelta cuanto antes.
Y cuanto antes es lo suficientemente pronto como para recorrer esta mágica ciudad. Varias veces. Andando.
He estado en Florencia y tiene algo. Magia... pero no sé cómo explicarlo.
He estado en San Sebastián y tiene algo. Magia... pero tampoco sé cómo explicarlo.
Gijón es una ciudad mágica y voy a explicar por qué ¿Quién coño me explica cómo vas andando por una calle y sin girar vuelves a estar en el principio? Y mientras sigues andando, giras una calle cualquiera a la derecha y a los 5 minutos estás cruzando la de antes.
Pues me pasó buscando una tienda de informática para comprar el cable de la cámara. Así que si no hay fotos todavía, a mi no me echéis la culpa (total, tampoco funcionaría el portátil al llegar al hotel...)
Con todo cerrado, y harto de dar vueltas en línea recta, es hora de cenar. Me han sugerido que pregunte por: "La cuesta del Cholo", jajaja!!!
Pues existe, y la gente la conoce. Porque tres veces pregunté, y las tres me indicaron sin titubeos. Pero al llegar a la cuesta, que me tocó subirla, el sitio estaba cerrado. Así que me metí en una sidrería, una de las pocas que hay abiertas cerca de la Plaza Mayor un lunes por la noche.
"Una tabla de quesos, una mini de pulpos a la gallega y la tercera la eliges tú".
De la selección de quesos destaco uno naranja, picante. Un picante como de pimienta, no de chili. Muy bueno, pero el camarero me dijo el nombre y no le entendí. Sabéis cuando pronunciais algo a desgana por miedo a que lo que te salga por la boca no se lo vaya a creer ni Dios? Ya indagaremos acerca de ese queso...
De la segunda tapa no llegué a entender el por qué del nombre en ningún momento. Me trajeron un único tentáculo, del tamaño del bíceps de mi primo el bombero. Yo creo que tienen a los pulpos en la cocina haciendo pesas y les van metiendo anabolizantes. Por eso que no le encontré el mini, ni el plural.
Y el tercero lo presentó como "calamar con frekmcwjep caramelizado". O me lo dijo en francés o debí haberle dejado una tarjeta de Clip, Centro de Logopedia en Sabadell. Al día siguiente empezaba un concurso de tapas entre los bares de la ciudad. Ésa ya os digo yo que no gana.
Y pasamos al sexto día. Oséase, hoy. Día en el que me he vuelto a sentir como un caracol.
Cuando la habitación ya empezaba a parecer mi casa (por el orden NO, evidentemente), la maleta desde un rincón me ha suplicado que lo hiciera con cariño.
Y burocracia de rigor en recepción, todo a cuestas de nuevo. Puja la muntanya.
Andáte que te anda, hoy se acabará el día en Oleiros. De lo más significativo, mencionar que cambio Asturias por Galicia, el Cantábrico por el Atlántico, y la lluvia por... No creo, la lluvia creo que se mantiene como titular en la alineación.
He pasado por Avilés, la cual voy a obviar en mi blog, igual que me ha ignorado ella decidiendo no mostrarme ninguno de sus encantos. Porque alguno tendrá, digo yo.
Y la emoción fuerte del día ha llegado pocos kilómetros después de Ribadeo.
As Catedrais. O Las Catedrales, en castellano.
Una playa, que a capricho del Sol y la Luna, se llena y se vacía de agua. Realmente no es un capricho, es una rutina. Tarda 6 horas en mostrar su máxima amplitud, y es entonces cuando se puede pasear bajo las arcadas naturales (arcada de arco, no de vómito, que estáis estropeando la lírica, joder). Y después de 6 horas más, donde antes había una playa, ahora hay una costa acantilada con 4 metros de profundidad.
A mi me ha tocado ver la playa sumergida. Pero no me importa, porque dejar algo pendiente es una motivación para seguir haciendo cosas, y una de ellas será volver en bajamar. Y así de paso aprovecho y como en Casa Pepe, lugar donde descubrí qué son los grelos, y donde la salsa de Oporto es tan atrevidamente dulce que por momentos parecía que me estaba comiendo el postre, si no fuera por el solomillo y el foie, que sin hacer mucho escándalo han pasado la nota de corte.
Y así llegamos a un fantástico hotel, con una cama inmensa y una decoración moderna. Por tener, tiene hasta cocina.
Habitación 245. Subo en el ascensor a la segunda planta. Sólo hay dos ¿Otra vez me toca la última?
PD: Menos mal que iba a contar poco!
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Hola wapo!!!!!
ResponderEliminarSi, si menos mal que ibas a contar poco........ Por lo que veo no estás durmiendo en la furgo y has encontrado el hotel jajaja...... ya llegaste vos, ahora espero que te llegue el paquete. Ha que esta buenísimo el hotel!!!!!....
Un besote