Esta mañana ha sonado el despertador y he abierto los ojos. "¿Y eso es noticia?" pensareis alguno de vosotros. Pues sí, lo es. Dado el sitio donde me ha tocado pasar la noche, creía que la primera cara al despertar sería la de San Pedro. Pero no...
Antes de quitarme el edredón de encima me he palpado para no llevarme un susto, pero todo correcto. No me faltaba ningún órgano. Así que puesta en marcha.
Uno de los pueblos donde he estado hoy es Combarro, recomendación de mis papis. Y es que si ayer decía que todavía no había visto ningún pueblo bonito, hoy ha tenido que saltar Galicia a la defensiva y escupirme dos.
Aparco en el puerto, entro en el casco antiguo y se para el tiempo. Calles empedradas, casitas pequeñas, cruceiros (crucifijos) por todos lados. Sólo los carteles de restaurante rompen la fantasía de estar cientos de años atrás. Bueno, y que llevo la cámara a cuestas y no paro de hacer fotos.
De reojo me doy cuenta que una abuela me vigila. Cuando me giro para mirarla, disimula. Después me mira ella y giro la cara como que no me he dado cuenta. ¿Estamos flirteando? Ja, ja, ja.
Pero he tenido que pasar por delante del umbral de su casa, y ella expectante a que lo hiciera alguien ha tenido su recompensa:
-Buenos días, joven. ¿No quiere probar un poquito de crema?
La curiosidad mató al gato, pero no un chupito de crema de orujo.
Ya me habían avisado que en este pueblo, no sé si en otros también, es típico que te inviten a entrar y degustes sus productos caseros. Aguardiente, empanada, albariño, filloas (pero de calabaza, eh!)... Todo esto mientras me intentaba vender su cosecha y yo le acosaba a preguntas. Órreos, las casitas al aire almacenes de cachelos. Almejas, navajas y mejillones que se deja atrás la ría en sus ratos de pleamar y salen a hurtadillas para robárselas. Veranos infestados de turistas, hacinando las calles y llenando los bolsillos autóctonos.
Tres flirteos más, y un par de acosos después, decido marchar para volver a la tarde. No a por la abuela, si no para verificar sus palabras, que aunque ciertas, algo exageradas. A las seis de la tarde la ría se encuentra en su punto más bajo, y no se puede caminar de una orilla a otra, como aseguraba, pero sí es increíble que se vacíe como la bañera de mi casa. Bueno, de mi antigua casa, en esta no tenemos bañera.
Llega la noche a Galicia y yo a Tui.
Y la catedral, sublime...
etérea, inmaterial.
Tan grande como es,
parece que no la puedas estar viendo.
No pertenece a Tui, ni a Galicia. Corresponde a otro siglo y el tiempo se la ha dejado olvidada. Espero que no vuelva a buscarla y podáis venir a visitarla.
Esta vez el hotel lo ha escogido otra persona. Se nota. Un hotel digno de mi.
-Habitación número 7. Al fondo a la derecha.
-¿No están ahí los lavabos?
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te agustado cambados y habia otro pueblo parecido a ese nombre a mi me gusto mucho ?as probado la oreja ? un besazo ya tengo ganas de q vengass
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