La mayor peculiaridad es que está construida en suelo pantanoso y con las paredes oblicuas respecto al suelo, no paralelas, y divergen entre ellas. Hasta han osado compararla con la torre de Pisa (claro, así cualquiera no va a verla).
La verdad es que con la de iglesias que hay en Santiago, andar veinte minutos de ida y otros tantos de vuelta, para ver una que está torcida, me parece desproporcionado. Pero oye, más tonto yo, que he hecho caso.
De vuelta al casco antiguo, subo antes al parque de Bonaval, desde donde se ven los tejados de la ciudad. Este recinto sin techo lo venden al turista como un parque, pero amigos... ¡Ay, amigos! No os dejeis engañar, es un cementerio. Y a las pruebas me remito. Con el plano en la mano, sigo uno de los itinerarios recomendados, y fascina la cantidad de fachadas, monumentos y edificios dignos de admirar.
Santiago es una ciudad difícil de fotografiar. O al menos, plasmar su esencia. Es bonita por el conjunto. Puedes sacar buenas fotos en alguna calle, o de algún edficio, pero el encanto lo tiene al pasear.
Cervantes, Feijoo y numerosos santos, permanecen en las plazas a la intemperie para guiar al peregrino y alentarle en sus últimos pasos. Y es que, para tan duro esfuerzo, no hay mejor recompensa que la ciudad de Santiago.Año Santo es aquél en que el día de Santiago (25 de Julio) se celebra en Domingo. Y esto pasa cada 6, 5, 6 y 11 años. Ha coincidido que 2010 es Año Santo, y una de las celebraciones "extras" es que se abre la única de las puertas que el resto del año permanece cerradas.
La catedral tiene una plaza en cada uno de sus cuatro costados. La más conocida es la del Obradoiro, pero también están la de Praterias, Inmaculada y de la Quintana. Cada una tiene un acceso al interior de la Catedral, y es ésta última la que sólo se abre en Xacobeo. Claro, todo el mundo entra por ahí. Pero yo quería entrar por la grande, la del Obradoiro.
Una pareja iba delante mio y subiendo las escaleras le dice alguien: "Aprovechad que este año está abierta y entrad por la Puerta Santa". Y estos que reculan y siguen las instrucciones del anónimo. Venga, va... hagamos como todo el mundo, media vuelta.
La verdad es que el interior no le hace justicia. A mi me gusta mucho más por fuera que por dentro. Es más, no me esperaba una planta tan pequeña. Si no es porque estaba ahí colgado el botafumeiro, hubiera pensado que me había equivocado de iglesia. Pero entrar me ha supuesto varias cosas:-Ver como varias personas se confesaban. Y digo ver porque no he hecho como la gente que había alrededor, que estaban de pie escuchando(!) lo que decía el confidente. Aunque por la cara que tenía el cura, obispo, cardenal o cualquiera que fuere su cargo, nada muy espantoso debía estar contando.
-Me ha supuesto también conocer a Santiago. Sí, sí, el apóstol. Resulta que por detrás del altar puedes pasar por donde está su figura. Y al pasar, un señor muy amable me ha indicado que había que abrazarle. ¿Perdón? Está toda la catedral con cintas de "no pasar" y esculturas protegidas, ¿y a su santo le abraza to' quisqui? Es como si en el Louvre te dan un Edding y te dicen: "firma aquí para dejar constancia de tu paso" y te ofrecen la Monalisa.
-Y además me he dado cuenta que las iglesias están a oscuras para que no saquemos fotos ¡Manda huevos! Yo subiendo ISO, haciendo malabares con la cámara, y de repente es la hora de la misa y empiezan a encender luces ¿Pues igual que hay horas de misas, porque no hay horas de fotografías... eh, eh?
Total, que ya empezaba la misa, y en el hotel no se me ha presentado ninguna niña, salgamos de aquí antes de que se me aparezca el niño. Que hasta le he dado un abrazo a una figura, a quien se lo cuente...
Justo en la puerta una pareja de policías, y yo por asegurarme les pregunto por la puerta que sólo abren en Xacobeo. "Es ésta por la que acabas de salir", contestan.
(Coño, pues no ha sido la misma por la que he entrado. Habiendo empezado la liturgia, no iba a interrumpirles).
Así que he completado el recorrido, parándome en algunos bares y llenándome la tripa. Y aquí estoy ahora, con un sabor agridulce, ya que mañana dejo Santiago y me voy a Pontevedra.
Me voy habiendo conocido una ciudad increíble, pero sabiendo se quedan muchos rincones por descubrir.
Santi, hasta la próxima.
y ahora que ya tengo cuenta... me lees no? es que no me has contestado a lo del regalo!
ResponderEliminarMe alegra que te haya gustado Santiago, yo cuando fui me dio la sensación de estar en una ciudad diseñada para las brujas...